Desde su apertura en marzo, PICSA (Ponzano, 76) se ha consolidado como una pizzería con personalidad propia y claro acento argentino. Con el sello de calidad de Pablo Giudice y Mariano Gargiulo de Sudestada, todo gira en torno a su horno de leña, corazón y alma del restaurante, donde se cuecen las interesantes mezclas que cubren las picsas que ahora, además, pueden pedirse por teléfono para disfrutar de ellas en casa o en el trabajo en un área de trabajo limitada.  
En Picsa la pizza es toda una comida en sí misma, un plato para compartir y que, como en Argentina, supone casi un ritual culinario. Ni pizza fina como en Italia, ni gruesa como en EEUU, la masa –con apariencia de pan, ligera, esponjosa y crujiente y un proceso de fermentación de 24 horas-,está hecha siguiendo sus propias reglas, al igual que la primera capa de queso, compuesta por una secreta mezcla de tres variedades españolas. Con la experiencia y conocimientos que los socios han adquirido en los últimos años, aquí la pizza argentina ha evolucionado al aplicar conceptos nuevos, con combinaciones modernas basadas en sabores minimalistas que adquieren protagonismo en pizzas de pocos ingredientes, entre los que destacan productos de temporada y locales.
La carta cuenta ahora con 13 referencias, divididas en Old School y New School. Entre las primeras, se encuentran las propuestas más tradicionales y aquellas que ya se han un sitio en el imaginario de quienes acuden a Picsa, como la Fugazza con queso, la de Morrones y rúcula, la sorprendente Calabresa o la de Jamón cocido.
Mientras, New School ofrece una selección de nuevas e interesantes mezclas como Papada de cerdo ibérico y alcachofas (tomate, queso Picsa, papada ibérica Carrasco, alcachofa, alcaparras), Pato e higos (tomate, queso Picsa, raclette, pato confitado, higos secos), Mexicana (tomate, queso Oaxaca, pimientos, frijoles, cebolla, chile seco) o Aladino (tomate, queso picsa, Parmesano, vaca madurada al menos 60 días, tomate cherry). Mezclas con las que el equipo de Picsa quiere seguir sorprendiendo tanto a los fieles como a quienes todavía no han probado esta nueva forma de comer pizza.
La nueva carta incluye también nuevos mezzes – su selección de pequeños aperitivos pensados para compartir e inspirados en las recetas que desembarcaron en Buenos Aires con los inmigrantes -, como los Morrones Armenios o los Zucchinis Alatsis, que se suman a otras tapas como el Vitel Toné o las sardinas Rulli.
Todas las picsas se elaboran en un único tamaño, pensado para que sus ocho porciones sean compartidas entre dos personas y con la posibilidad de combinar un sabor diferente en cada mitad. En cualquier caso, Picsa da la opción de pedir porciones sueltas de una selección de pizzas hechas a diario, que junto con uno de sus mezzes son una estupenda opción de menú completo. Todas pueden estar acompañadas por fainá, una masa elaborada con harina de garbanzos que se coloca encima o debajo de la porción de pizza aportando un toque muy particular, como se hace en Argentina y Uruguay.
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La carta de vinos de Picsa está dividida en dos apartados – con burbujas y sin burbujas – e incluye diferentes propuestas internacionales, entre las que no falta una propuesta de moscato, el vino que suele acompañar la pizza en Argentina, aquí representado por un Alice Bel Colle 2013, que como otras muchas  referencias puede disfrutarse por copas.  Para quien lo prefiera también hay cerveza La Virgen –Lager y Jamonera- de barril.
Una pequeña selección de postres terminados en el horno pondrá el punto dulce a la comida. Como colofón, los amantes del café podrán disfrutar de uno de los mejores de Madrid, ya que para este apartado se ha contado con la colaboración de Toma Café y se ha traído una máquina de Milán que extrae todos los matices del café.
Aunque desde su apertura ya ofrecía servicio de take away, desde este mes también es  posible disfrutar de las picsas sin más esfuerzo que llamar por teléfono, para lo que han puesto en marcha un servicio de delivery. Junto con las picsas, también se pueden pedir desde casa  los mismos mezzes y bebidas que en el restaurante, en el caso de los vinos con un descuento correspondiente al descorche. Para las reuniones de amigos se ha diseñado además un sixpack especial de cervezas La Virgen.
Desde su propio nombre –Picsa es como popularmente se llama la pizza en Argentina – todo en este nuevo proyecto es una declaración de intenciones para ser una pizzería más propia del bonaerense barrio de Palermo que del de Chamberí, pero sin serlo. Y es que, no se ha querido seguir ningún patrón y todo está pensado desde cero, desde el local, a la masa, pasando por el queso y los ingredientes, haciendo una revisión de cómo entienden este plato los socios de Picsa.
A esto sin duda contribuye el hecho de que detrás del proyecto esté parte del equipo de Sudestada: Pablo Giudice estará al frente del local, mientras que Mariano Gargiulo, cocinero de Sudestada, ha sido el creador de la propuesta gastronómica. A ellos se une en esta andadura el realizador publicitario Marcelo Burgos.
En cuanto a la decoración, el local mantiene también referencias al origen argentino de sus socios, ya que al entrar en Picsa uno podría pensar que se encuentra en el barrio de Palermo. Destacan las paredes cubiertas por pequeños azulejos blancos que dan forma también a la barra. Se han mantenido algunos elementos originales, como  los suelos y las columnas, restauradas para mantener una estética industrial, que se refuerza  también con las grandes lámparas importadas de Alemania. Por su parte las sillas y taburetes celestes de la firma New Duivendrecht han sido importadas desde Bélgica.
Pero sin duda el corazón del local es un horno español, el que tradicionalmente se ha empleado en las tahonas,  realizado por la empresa familiar Jumaco & Maestro, que lleva cuatro generaciones fabricando  hornos para panaderías. La leña que se emplea es de encina, de una producción de tala controlada.

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