De padre tailandés y madre española, licenciada en Hostelería en Tailandia y formada en los más prestigiosos restaurantes asiáticos de Nueva York, Natalia Jumnaklap Alonso abrió hace cinco años el que hoy se ha convertido en uno de los máximos referentes de la cocina tailandesa en Madrid: Krachai. Ahora, y animada por el éxito de su primera aventura empresarial, se embarca en un nuevo proyecto con el que ha querido dar salida a los “otros sabores” de su infancia, los de la cocina española que bebió de su rama materna. Con Wilbran (Orellana, 19) Natalia pretende además “cubrir un hueco existente en el mercado” ofreciendo una materia prima de máxima calidad y una carta eminentemente tradicional pero en un ambiente animado y moderno, con una puesta en escena cuidada y actual y un servicio adaptado a los tres ambientes del local.

 wilbran 2
Wilbran (un nombre único para un restaurante único) se esconde tras una fachada típica de principios del siglo pasado y guarda en su interior auténticos tesoros estéticos, originarios de la casa de comidas que hasta hace poco albergó el local. Su barra de roble, sus floridos azulejos de cerámica y los suelos hidráulicos son Patrimonio de la Humanidad Madrileño y dotan al espacio de esa autenticidad que luego se encuentra en la carta. Aunque también hay tintes de modernidad, como los coloridos tapices de sillas y banquetas o las mesas de madera desnudas que aportan informalidad. Funcionalmente Wilbran cuenta con una zona de tapas con mesas altas, una de comedor en dos alturas y un reservado con mesas vestidas de mantel largo para encuentros más íntimos y reuniones de trabajo.
arroz negro
Para la confección de la oferta Natalia ha buscado “la calidad que muchas veces no se encuentra en los locales de diseño y tendencia” apostando por ingredientes 100% nacionales y de temporada, seleccionados de su mejor origen posible. Las elaboraciones, por su parte, son un homenaje a la cocina de las casas y las tabernas tradicionales de Madrid: a esa tortilla de patata -jugosa sin ser líquida- que hacía como tantas la abuela de Natalia, a las lentejas y al potaje –que se ofrecen como plato del día fuera de carta -, a las alcachofas con jamón ibérico, al rabo de toro, a los callos, a la merluza a la romana o a las chuletillas de los fines de semana. Aunque también hay platos de ese recetario anónimo del día a día que hoy apenas se encuentra en la restauración moderna, como la sopa castellana, los huevos mollet sobre puré de patata –que aquí se sirven con trufa picada-, el bacalao gratinado o las albóndigas con patatas.
tortilla española
 
En la carta de Wilbran hay también propuestas para compartir, entre las que destacan las conservas premium de José Peña con arreglo casero, las almejas a la marinera, los langostinos al ajillo, los mejillones al vino, las croquetas –receta de la abuela-, los calamares fritos –de finísima tempura- o la ensaladilla rusa, llamada a competir entre las mejores de Madrid. Sobresalen también las carnes de La Finca de Jiménez Barbero en Guadarrama, especialmente el T-Bone de ternera y la hamburguesa picada a mano en el local.
ESPACIO VIVO
Por su estratégica ubicación en el barrio de Las Salesas, Wilbran acoge a una ecléctica parroquia por la que desfilan desde los funcionarios de Justicia a mediodía hasta ese público moderno y cosmopolita que alterna entre Malasaña, Chueca y Tribal y compra en Almirante, Piamonte y Fuencarral. Por las noches, además, bajan las luces, se encienden las velas y sube la música convirtiéndose en escenario perfecto para una cena romántica, un picoteo informal o unas primeras copas con amigos. Para beber, hay cócteles clásicos, champagne Velvet Clicquot a 9 euros la copa y una buena selección de vinos por copas, seleccionados de entre las cerca de 35 referencias con que cuenta su bodega.