Hat Bar, un lugar diferente

Las mezclas de cosas que en principio no se asocia juntas, son en un buen número de casos, ideas creativas, rompedoras, que resulta que tienen éxito. En el riesgo también está perder, pero, por lo general, y más en ciertos barrios de Madrid, la fusión de conceptos gusta a la gente, que verdaderamente lo que quiere es sentirse a gusto y bien tratado. Este es el caso del Hat Bar que une tocados con copas: se trata de un espacio que recuerda a esos bares clandestinos de los años 20.
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Hace poco que ha abierto sus puertas de Hat Bar (San Lorenzo, 5; Chueca), un nuevo concepto de bar con sombreros de por medio: una sombrerería donde además puedes comer, tomar algo… Las creadores de este concepto son Fátima Burnay y Mabel Sanz, que se dieron cuenta de que vivir de los tocados y sombreros que realizan no les daba para vivir todo el año (sombrereras de profesión; Mabel Sanz se dedica a esta profesión desde hace más de 20 años y atiende desde su taller a particulares y modistos de la talla de Jesús del Pozo, Juan Duyos, Alma Aguilar, Devota y Lomba o David Delfín. Y ahora, también, es hostelera); de esta manera decidieron fusionar su gran placer con un espacio donde la gente puede tomar algo, comer, que esto siempre, si se hace bien, puede tener éxito y darte para complementar las ganancias junto a la sombrerería. ¿La gente compra sombreros? Es una buena época para este sector textil… La verdad es que nos preguntamos esto. Esperamos que sí, porque los del Hat Bar lo que hacen es muy bonito. El precio medio por comer son 20 euros.
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En Hat Bar también se suelen hacer veladas creativas como conciertos, la música de jazz, blues, tranquila, acústica, es una manera que encaja muy bien con la idea del local, así que de vez en cuando se realizan estas veladas cálidas que abren sus puertas a todo aquel que desee pasar un rato tranquilo con buena música y buen ambiente. «A mí siempre me ha gustado mucho cocinar. Hacer sombreros es, además de mi oficio, mi hobby, así que decidimos conciliar las dos cosas», en palabras de Mabel Sanz, que recogemos de un artículo del Mundo.es